La discusión sobre la identidad o diferencia entre la orientación personal y la psicoterapia está lejos de ser de fácil solución. Tanto bajo una expresión como bajo la otra se incluyen numerosos sentidos y acepciones diferentes, así como diversas corrientes y escuelas educativas, psicológicas, médicas y filosóficas, que dificultan las posibilidades de aclaración.

 

Si bien no es mi intención imponer una manera única de ver las cosas, para contribuir a la reflexión sobre el tema, necesariamente debo hacerlo comprometiéndome con mi concepción de esta actividad, basada en el Enfoque Centrado en las Personas.

Concibo la relación de ayuda personal (orientación personal/psicoterapia), como una modalidad específica de la promoción del desarrollo humano en el ámbito personal íntimo. Otras formas de promoción corresponden a los ámbitos del desarrollo humano educacional, organizacional, social y trascendental (Segrera, 2009).

 

Empleo la expresión orientador personal, característica de México, que considero equivalente a la de consultor psicológico, acuñada en Argentina por Manuel Artiles. La razón para la preferencia de personal sobre psicológica es el carácter holístico, educativo, no meramente psicológico, de la actividad, y porque considero conveniente distinguir la orientación personal de cualquier supuesta pertenencia exclusiva de la profesión psicológica; ambos son traducciones del término inglés counseling. En cuanto a mi preferencia por orientador sobre consultor tiene menos solidez (tal vez estoy influenciado por ser uno de los que la acuñaron). El empleo de una terminología homologada en español que facilite la creación de nuestra identidad profesional requeriría de una decisión consensuada al respecto.





DOS MODELOS DE COMPRENSIÓN DE UNA MISMA ACTIVIDAD



 

Desde el marco teórico del enfoque centrado en las personas, la orientación personal/psicoterapia es una misma actividad, la relación de ayuda personal, en la que caben múltiples matices dependiendo de la persona que estamos acompañando. El mismo Rogers se refirió con frecuencia a la orientación personal/psicoterapia sin hacer distinción alguna, viéndola como una sola, con las características esenciales de la ayuda personal.



Para comprender el origen de la supuesta diferencia entre la orientación personal y la psicoterapia, comenzaré por exponer los dos modelos de comprensión, las concepciones más clásicas, y por lo tanto diferencialmente excluyentes, de lo que constituye la relación de ayuda personal (orientación personal/psicoterapia), el modelo médico y el modelo educativo.

 

Modelo médico

El origen del término psicoterapia lo encontramos en el modelo médico. La forma de tratamiento de las diversas enfermedades físicas se denomina terapia. El psicoterapeuta, por paralelismo, al intentar curar las enfermedades psíquicas, emplea la psicoterapia, como alternativa de la quimioterapia, los choques électricos, la cirugía.

 

Dentro del modelo médico hay opiniones diversas sobre la etiología de las enfermedades psíquicas, que son consideradas de origen órganico o funcional, físico o mental, o aún ideopáticas (de las que se desconoce el origen); pero, independientemente de estas variaciones, la concepción de las mismas es la de una enfermedad o lesión que debe ser curada.



El ideal dentro de este modelo sería poder encontrar el origen físiológico, o quizá actualmente diríamos el origen químico o genético de la enfermedad, y poder tratarla por medio de los reactivos apropiados, que ojalá fuesen los que pudieran actuar incluso sobre los aminoácidos de la doble hélice cromosómica, de manera que nos permitiesen borrar, en el espacio de pocas generaciones, los últimos rasgos del caudal hereditario que explicasen la existencia de la enfermedad.

 

Desde esta perspectiva se considera al sujeto como paciente (el que padece) y se le hace atravesar un examen que permita establecer su diagnóstico (determinación de síntomas e identificación del síndrome correspondiente), proyectar un pronóstico (evaluación de sus posibilidades eventuales de recuperación) y aplicar un tratamiento (en este caso, psicoterapéutico).



El sujeto de la enfermedad se sitúa en una posición de inferioridad, de pasividad, al menos relativa, ante el psicoterapeuta, actor de la curación. Éste tiene una concepción preestablecida de lo que implica la salud y de lo que el paciente debería lograr, a partir de un marco de referencia externo al mismo, que, inclusive, en muchos casos ni siquiera se considera necesario comunicar al paciente. El énfasis radica en los conocimientos del psicoterapeuta, que le permiten diagnosticar, pronosticar y tratar la enfermedad del paciente, este último necesariamente ignorante por comparación al médico.

 

Para la psicoterapia el objetivo básico es la reestructuración del aparato psíquico del paciente, considerado como deficiente para su adaptación adecuada a una realidad externa que tiende a ser considerada como criterio último de normalidad psíquica.

Modelo educativo

 

En lo que respecta a la orientación personal, ésta se sitúa modernamente en el modelo educativo. Si nos trasladamos atrás en el tiempo, podemos encuentrar algunos aspectos de su origen en la labor sacerdotal, con tal de descartar en ésta la referencia a la ley como máximo criterio en lugar del amor, y más tempranamente aún, en la intervención shamánica. En estos dos últimos casos me refiero específicamente al aspecto del acompañamiento personal y no a elementos relacionados con creencias religiosas de cualquier tipo.



En este modelo, la labor consiste en la facilitación de un aprendizaje, en la ayuda en la búsqueda de un camino por la persona implicada. El punto de partida es considerar que los seres humanos, organismos personales, nacen con una serie de potencialidades de actualización y expansión no explicables, al menos totalmente, en términos fisiológicos, químicos ni genéticos, y cuyo desarrollo será facilitado o frenado por la acción de su mundo experiencial.

 

La percepción del mundo de las personas será influenciada por sus elementos subjetivos originales, su imagen propia será creada en buen parte a partir de su percepción de su medio fenomenal, y esta interacción dinámica se expresará en una espiral de conciencia cuya tendencia ascendente será solo limitada en la medida en que las experiencias no puedan ser integradas por el sujeto como aprendizajes de crecimiento y utilizadas como motor de nuevos movimientos.



La labor de la orientación personal, desde esta perspectiva, es la de una educación de la función de la experiencia, y consiste en ayudar a la persona a adquirir, ante todo, el autorespeto y la autoestima que le permitan confiar en su propia percepción de su experiencia y su propio aprendizaje, y en facilitar en ella la conscientización de lo que constituye un adecuado proceso de interacción con su universo existencial, más que en la transmisión de cualquier contenido concreto específico de dicho universo.

 

De aquí que la importancia del examen previo, del diagnóstico, del pronóstico y del tratamiento diferencial sean de un caracter notablemente diferente a la considerada desde la perspectiva psicoterapéutica. La concepción de progreso de la persona en orientación personal es mucho más dinámica y tiende a ser confirmada por comparación con el mundo interno de la misma, impulsada por la tendencia actualizante, por lo que la comunicación de las impresiones del orientador personal al orientante adquiere una especial relevancia.



La persona en proceso de orientación personal es considerada, al menos potencialmente, como el mejor experto en materia de lo que constituye su propio desarrollo, por lo que el papel de experto del orientador personal se relativiza en consecuencia, sin por esto desaparecer totalmente.

 

La perspectiva de la orientación personal se plantea como objetivo la reeducación, en caso necesario, y la expansión de los límites del ser humano, que le permitan experienciar y aceptar de una manera cada vez más plena, sin detenerse ante lo amenazante de lo desconocido y lo riesgoso de lo conocido, su carencia cósmica y su identidad única, su pequeñez y su majestad, su aislamiento humano y su participación en lo absoluto.


EL GRADIENTE DE EVOLUCIÓN PERSONAL, SOLUCIÓN DE LA APARENTE CONTRADICCIÓN



 

No es posible pretender que todas las personas se encuentran en igual punto de evolución personal o grado de salud psíquica. El inicio de solución de la aparente contradicción entre una concepción y otra se encuentra en esta diversidad de situaciones personales, que explican, a mi parecer, la existencia de tan distintas maneras de trabajar con y por los seres humanos.



Si tomamos el caso del esquizofrénico catatónico, lo primero que nos impresiona es su incapacidad de contacto con lo que estamos acostumbrados a considerar como la realidad. Aun partiendo de la posición que considerase que la realidad privada del catatónico fuese tan válida como la compartida por la mayoría de los miembros de nuestra sociedad, es evidente que esta última es tan amenazante (o tan decepcionante) para aquél, limita su posibilidad de contacto con sus semejantes, y que una buena y prioritaria parte del trabajo a realizar consiste en lograr que restablezca la comunicación con una realidad compartida (la que más corrientemente vivimos) con la que ha perdido practicamente toda conexión.

 

Para ello, generalmente se considera adecuado el empleo de la psicoterapia, con su objetivo de curación; pero existe también la posibilidad de comprender esta reestructuración en términos de la orientación personal como una reeducación. Una vez lograda su integración básica, la misma persona podría ir más allá y avanzar por los caminos de su actualización personal.



Si nos situamos al otro extremo del horizonte de personas, y tomamos el caso del místico, encontramos mucho en común con el anterior, incluyendo la vivencia de estados de conciencia notablemente alejados de la cotidiana (y para el místico, decepcionante) realidad que vivimos la mayoría, y aún posiblemente la dificultad de amoldarse a las formas de convivencia humana aceptadas por el común de los mortales, vividas muchas veces como intrascendentes o distrayentes.

 

En este caso, la búsqueda de la experiencia privilegiada está basada en un ansia de sobrepasar los límites culturalmente establecidos para la actualización de nuestra capacidad de acercamiento a la plenitud de la existencia. Por lo anterior, la orientación personal, así como el objetivo de expansión, responden mucho más directamente a la etapa del proceso en que se encuentra la persona, y ésta puede beneficiarse mucho más de una relación que respondiese a su ya dada experiencia interna. Al mismo tiempo, se podrían manejar las dificultades señaladas anteriormente.



Dentro del continuo del gradiente de evolución personal podríamos situar diversos grados intermedios de funcionamiento entre el catatónico y el místico: psicóticos, neuróticos, casos fronterizos, existencias rutinarias o mediocres, autocuestionantes, concientizados, iluminados. De lo anterior se desprende que los medios y técnicas, las estrategias y prácticas consideradas como adecuadas, tienden a diferenciarse y diversificarse, siendo más clara esta distinción en los extremos del mencionado gradiente.

 

Algunos elementos considerados directivos parecerían más consecuentes con la reeducación, mientras que el acompañamiento y reflejo respetuosos lo serían de la expansión. La estimulación externa permitiría suplir inicialmente la energía bloqueada en el primer caso, mientras que la confirmación del impulso interno sería muy probablemente lo más útil en el segundo. El empujón que necesita un organismo prácticamente inerte para impulsar su movimiento sería no solo inútil, sino incluso podría desviar la dirección del movimiento de aquel organismo que se mueve decidido hacia una meta conscientemente escogida.



Según nos alejamos de los extremos del gradiente de evolución, la distinción se hace menos tajante. En la mayoría de los casos, nos encontraremos con una proporción variable de carencias y recursos, de capacidades infrautilizadas o atrofiadas y de aspectos ampliamente desarrollados, de rigidez y de flexibilidad, de infantilismo y de madurez, de inconciencia y de compromiso, de temor y de valor ante las exigencias de la existencia humana.

 

Por ello, los profesionales de la ayuda personal, se consideren a sí mismos orientadores personales o psicoterapeutas, necesitan estar conscientes del grado de desintegración o de integración básica de la persona que solicita sus servicios o les es referida y plantearse si el énfasis inicial debe ponerse en una reestructuración o en una expansión.



La insistencia exagerada en una reestructuración puede ser llevada a extremos ridículos, con la consecuencia, en el mejor de los casos, de un desperdicio por parte de la persona de esfuerzos que podrían ser orientados hacia el cultivo y la ampliación del abanico de sus potencialidades.

 

El intento prematuro de un trabajo de expansión de la experiencia puede llevar a la persona a perderse en una zona exageradamente amplia para sus capacidades actuales de integración, y debería en muchos casos ser precedido de un trabajo de reestructuración menos ambicioso, pero no por ello menos importante.



Los profesionales de la ayuda personal se encontrarán repetidamente en la situación de tener que combinar momentos de uno y otro tipo de énfasis durante sus entrevistas o sesiones, respondiendo al momento irrepetible del proceso de evolución del ser humano que tienen delante.

 

Más aún, muy probablemente emplearán en determinadas ocasiones los mismos recursos, acciones similares; la diferencia en muchos casos consistirá más en la óptica de trabajo escogida, en el modelo de comprensión de los fenómenos seleccionados, en el objetivo personal del profesional, que en cualquier dato objetivamente observable y susceptible de registro por los cada vez más numerosos medios con los que contamos en la actualidad.



Un psicoanalista empleará algunas veces una respuesta de reflejo, un orientador personal humanista en determinados momentos reforzará una conducta, un modificador de conducta no dejará de interpretar alguna intervención del sujeto, un psicoterapeuta empatizará de cuando en cuando con su paciente. Maravilla de la complejidad del fenómeno de la interacción humana, que se niega a ser identificada y reducida a cualquiera de los mapas que hemos intentado construir para orientarnos en nuestro viaje existencial.

 


DOS IDENTIDADES PROFESIONALES





El objeto de estudio y de actividad del profesional de la ayuda personal, se llame a sí mismo orientador personal o psicoterapeuta, son los seres humanos. Con énfasis diferentes en uno y otro caso, ambos deberán estudiar aspectos de psicología, de sociología y de filosofía; la relación interpersonal será una herramienta y medio de trabajo indispensable; los instrumentos de evaluación de características de personalidad tendrán su lugar para los dos; la práctica supervisada será una forma privilegiada de aprendizaje. Solo el enfoque profesional, y, por lo tanto, el contenido detallado de la formación, revelarán diferencias apreciables entre ellos.

 

La formación requerida para la ayuda personal no deja de tener muchos elementos comunes, sea cual sea la denominación empleada; si se me permite una siempre imperfecta comparación con el caso de los arquitectos y de los ingenieros civiles, para ambos, el espacio y los materiales son objeto de estudio, y la utilización de los mismos es a veces difícil de distinguir en la práctica; en muchos casos individuales, una persona con formación básica de ingeniero civil termina trabajando más como arquitecto y viceversa.



El campo de trabajo, el objeto de estudio y de actividad, tienen una base común, y esto explica que haya individuos que se muevan, cambien y muden de una a otra concepción, o que ejerzan una parte de su actividad en la primera y otra parte en la segunda, encontrando en la experiencia personal un complemento a la formación adquirida en sus estudios formales.

 

Las fronteras entre la psicoterapia y la orientación personal, al igual que entre las naciones, no consisten en una línea marcada en el suelo. A nadie se le ocurriría negar la existencia de amplias franjas de contacto con características comunes entre naciones diferentes. Las identidades nacionales, a veces poco claras, no dejan de reconocerse y de fomentarse, en algunos casos desgraciadamente basadas en el rechazo y el odio recíprocos, más que en el respeto y la colaboración en los aspectos de interés común.



De la misma manera, como sucede en otros campos profesionales, los orientadores personales y los psicoterapeutas, en lugar de aprender mutuamente unos de otros, nos hemos dedicado frecuentemente a atacarnos mutuamente, a negar la realidad de la existencia de los otros, a despreciar el esfuerzo y los frutos del trabajo realizado por los otros, y a entorpecernos en el desarrollo de los proyectos respectivos. Nos hemos perjudicado y hemos perjudicado a quienes, confundidos por nuestras discusiones bizantinas, se han alejado de unos y de otros, perdiendo la posibilidad de obtener una ayuda en algunos casos indispensable y en los demás útil y conveniente.

 

La solución no estriba en la pérdida de la identidad profesional de unos u otros, sino en la afirmación propia y el diálogo respetuoso entre las mismas. En el caso de la actividad de más reciente aparición en nuestro subcontinente latinoamericano, la orientación personal, no deja de sorprenderme la utilización por muchos orientadores personales de un lenguaje prestado de la psicoterapia: terapia, paciente, terapeuta, sesión, etc., que para mí refleja cierta indefinición de identidad profesional, cuando no una triste, aunque por otro lado comprensible, inseguridad.



Solamente cuando los orientadores personales se manifiesten claramente como lo que son, orientadores personales, aún en contra de la dificultad que esto ciertamente representa en una sociedad que todavía desconoce el significado de esta profesión; solamente cuando se vean a sí mismos como orientadores personales, realizando una labor de orientación personal, recibiendo a personas en entrevistas de orientación personal, y vivan profundamente lo que esto significa, sin contaminación de lenguaje ni, mucho más importante, de concepción, con psicoterapeutas o cualquier otro grupo de profesionales del campo de lo humano, podremos decir que existe en América Latina, un grupo profesional, flexible y abierto, sí, mas al mismo tiempo coherente y dinámico, de personas que trabajan por el desarrollo del ser humano en una forma específica escogida y asumida conscientemente.

 

Los psicoterapeutas, por su parte, no dejan de resentir, aun actualmente, las secuelas del doloroso y arduo esfuerzo que debieron realizar en un pasado aún muy cercano, por establecer y obtener el reconocimiento de su propia identidad, diferenciada de la de los médicos psiquiatras.



Las necesidades inmensas de nuestra población nos muestran el único camino posible en el futuro: la colaboración a título individual y en equipos de profesionales cuyos conocimientos y habilidades permitan avanzar en la resolución de los problemas de individuos y grupos, y así contribuyan a un porvenir más justo y más pleno humana y socialmente.

 


NIVELES DE FORMACIÓN PROFESIONAL





Otro aspecto que requerimos tomar en cuenta es el nivel de formación los profesionales de la ayuda personal, que influye necesariamente en la complejidad de elementos de conocimiento que tendrán unos y otros.

 

No debemos confundir el valor de la orientación personal y de la psicoterapia con el nivel de la formación profesional de los profesionales de una y otra actividad, la cual debemos reconocer que, el día de hoy es, en muchos casos, inferior en los orientadores personales. Lamentablemente, en nuestros países latinoamericanos, existe en la actualidad una diferencia de oportunidades de formación para unos y otros. 



En el caso de los psicoterapeutas, más comúnmente psicólogos o médicos, no conozco la existencia de programas de nivel inferior a la licenciatura. En muchos casos se considera que la licenciatura en psicología o la de medicina es suficiente para llevar a cabo la actividad. Existen también programas de posgrado de especialización, maestría y doctorado, en la mayoría de los casos reservados para psicólogos y médicos.

 

En el caso de los profesionales de la orientación personal, el nivel de estudios empleado para su formación es diverso en nuestros países. En algunos, como Argentina, la formación de los consultores psicológicos (counselors) es de nivel terciario, equivalente en otros países de América Latina al de técnicos profesionales de nivel superior. En otros, se considera, en mi opinión erróneamente, que una licenciatura en Psicología proporciona los elementos necesarios para llevar a cabo dicha labor. En México, existen programas de posgrado en Desarrollo Humano, ya sean de especialización o de maestría, encaminados a dichos objetivos, además de numerosos institutos con niveles variables que inclyen diplomados no universitarios de diverso nivel. En los Estados Unidos de América, la modalidad más empleada son programas de maestría, y preferiblemente de doctorado, en Counseling Psychology y en Human develoment, entre otros.



En mi opinión, tomando en cuenta la complejidad de la experiencia humana a la que debe hacer frente un profesional de la orientación personal, así como la progresiva homologación de legislaciones regulatorias del ejercicio profesional a nivel mundial, sería recomendable en América Latina optar, como primer paso, por establecer el nivel de licenciatura universitaria como mínimo para la formación de promotores de desarrollo humano, incluidos los orientadores personales, para obtener el claro reconocimiento de los respectivos gobiernos para los miembros de esta nueva profesión.

 

Esto requeriría la existencia de licenciaturas en promoción del desarrollo humano, que incluyeran, entre otros aspectos, bases teóricas de psicología, educación y filosofía, adquisición de habilidades de comunicación interpersonal y experiencias personales de desarrollo personal; dichos programas deberían permitir opciones de concentración en los diversos ámbitos del desarrollo humano: personal íntimo (orientación personal), educacional, organizacional, social y trascendental.



Así mismo, sería necesario que, a través de estudios de posgrado, especializaciones, maestrías y doctorados, se pudiera profundizar en la promoción del desarrollo humano, de tal manera que la formación sea comparable a la de otras profesiones de ayuda, lo cual eliminaría las limitaciones adjudicadas hoy erróneamente a la naturaleza de la orientación personal, considerada como inferior a la de la psicoterapia, cuando en realidad dichas limitaciones son provocadas por la falta de modalidades avanzadas de formación en nuestro campo.

 

Versión modificada de un trabajo originalmente presentado en la 2ª Reunión regional de Psicología (Universidad de las Américas). Santa Catalina Mártir, Puebla, México: 15-19 de noviembre de 1982 y publicado, con importantes variaciones, como Segrera, Alberto S. (2008). La relación de ayuda personal: Orientación/psicoterapia. Prometeo: Fuego para el Propio Conocimiento, (56), 15-20. [Otoño]. [México].

2 Agradezco a la Dra. Celia Mancillas Bazán su lectura y observaciones a la versión preliminar de este trabajo, las cuales han contribuido al enriquecimiento del mismo.
3 Cuajimalpa, Distrito Federal, México, 15 de julio de 2012.
4 Mexicano, nacido en Cuba. Consultor, conferencista, educador y orientador personal. Licenciado en Psicología y Candidato a Maestro en Ciencias Familiares y Sexológicas por la Université Catholique de Louvain, Bélgica. Especialista en Psicoterapia Autodirectiva (Centrada en el Cliente) y Maestro Experimental en Educación por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Académico Numerario Emérito de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Creador de los Foros Internacionales del Enfoque Centrado en la Persona. Fundador y Director de los Archivos Internacionales del Enfoque Centrado en la Persona. Creador y Coordinador de la Red Iberoamericana Centrada en las Personas. Cofundador de los Programas de Posgrado en Desarrollo Humano de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Miembro Fundador y Coordinador General de la Asociación Iberoamericana del Enfoque Centrado en la Persona - Associação Ibero-Americana da Abordagem Centrada na Pessoa (AIECP-AIACP). Miembro Fundador y Exmiembro del Consejo Directivo de la World Association for Client-Centered and Experiential Psychotherapy and Counseling. Miembro Fundador de la Association for the Development of the Person-Centered Approach. Dirección 
electrónica: asegrera_pro@prodigy.net.mx .

Referencias



Segrera, Alberto S. (2009). Riqueza de la diversidad del Enfoque Centrado em las Personas. Presentación en Serviço de Aconselhamento Psicológico: 40 Anos de História. São Paulo, São Paulo, Brasil: Universidade São Paulo: Instituto de Psicologia; 14-16 de septiembre de 2009. Publicado en Breschigliari, Juliana & Rocha, Maria Cristina (Orgs.), Serviço de Aconselhamento Psicológico: 40 Anos de História (pp. 159-177). São Paulo, São Paulo, Brasil: Universidade São Paulo (Instituto de Psicologia, Serviço de Aconselhamento Psicológico).

LA RELACIÓN DE AYUDA PERSONAL: ORIENTACIÓN PERSONAL/PSICOTERAPIA

 

Una perspectiva iberoamericana centrada en las personas[1] [2] [3]

 

Alberto S. Segrera [4]