Constelaciones Familiares

“Los órdenes del Amor”

 

Por Clor. María Elena Beveraggi  y Clor. Claudia Medina

 

 

Un método como herramienta facilitadora que nos ayuda a soltar lo que nos pesa…y así tomar nuestra propia fuerza.

“El corazón de aquel que ha comprendido que lo presente está en resonancia con lo pasado, tanto en lo bueno como en lo malo, late en sintonía con el mundo.”

Bert Hellinger

 

 

 

¿Qué fue lo que cambio la visión de las cosas para que se les hiciera lugar a las constelaciones familiares?

 

Nos adentramos en un camino de intuición profunda, que emergió sincrónica y fértilmente enseñándonos a  amar lo que es, en lugar de lo que debería ser.

Más allá del pensamiento del yo, hay algo más verdadero que las historias que nos contamos. El gran paso es aceptar que la maestra es la vida y nosotros los humildes discípulos.

Fueron algunos hombres y mujeres que se aventuraron al cambio y abandonaron el estudio individual, “objetivo” y minúsculo de la vida, los que comprendieron la interrelación de todos los sistemas vivos. Llegaron a la conclusión de que  el planeta en su totalidad es un organismo viviente, un gran sistema, y que por lo tanto la vida de sus partículas se desarrolla en una organización comunitaria. Si algo no funciona correctamente, es el sistema el que se descompensa en busca de una reorganización.

La interconexión entre sus componentes  y los de otras agrupaciones es invisible y silenciosa para nosotros, pero existe y ha sido comprobada, ya es un hecho verificable que los seres de una misma especie comparten información.

Desde la óptica de Rupert Sheldrake, doctor en bioquímica, todas las especies compartimos información en simultáneo. Él considera el campo morfogenético, un sustrato vital que contiene memoria para la generación de formas, usos y costumbres, hereditarios o de transmisión simultánea, simplemente por ser parte de una misma especie y en sentido último, de la vida misma.

De la misma manera en que para los biólogos los campos mórficos conectan las partes de un sistema en el espacio y en el tiempo, la física cuántica enuncia la no locación o no separatividad, conocida como “paradoja de Einstein-Podolsky- Rosen” o “desigualdad de Bell”, esta nos indica también la existencia de una conectividad universal en el sentido de que cualquiera de los objetos que hayan interaccionado alguna vez, continúan influyéndose mutuamente de manera instantánea, quedan entrelazados para siempre, el comportamiento de uno de ellos influye sobre el otro.                                                       

Eric Corbera, Psicólogo español contemporáneo, en sincronía con la aparición de las constelaciones familiares, crea un método de apoyo a cualquier terapéutica, sea médica o psicológica, la biodecodificación o decodificación biológica. Cuyo principio fundamental sostiene que en la naturaleza todo está codificado, que el universo todo es información y que por lo tanto también lo es nuestro organismo. El ADN es un ejemplo, pero hay muchos más, ya que gran parte de la información es inconsciente. Para  la biodecodificación, la enfermedad no es estática  ni viene de afuera. Es una respuesta a un conflicto que la mente no pudo resolver, por lo que reconoce el bagaje individual y la codificación simbólica que la persona trae de su familia de origen, lo transgeneracional.

Podemos decir que desde las distintas ópticas, hay un común denominador en esta nueva mirada: todo está interconectado, todos compartimos información, aún sin saberlo.

Pareciera que nada podrá detener el nuevo paradigma, campos mórficos, física cuántica, biodecodificación, constelaciones familiares son apenas la punta de un iceberg de la nueva era que se abre  ante nosotros.

 

Constelaciones familiares y los órdenes del amor

 

Todos formamos parte de una familia a quien estamos vinculados con profundos lazos de amor y lealtad. Este sistema familiar está dirigido por una conciencia común que une a todos los miembros, preocupándose por los derechos de cada uno. Los miembros se relacionan en un orden, al que Bert Hellinger, llamo "Los Órdenes del Amor”.

Bert Hellinger, nacido en Alemania en 1925. Estudio filosofía, Teología y Pedagogía. Durante  16 años fue misionero de una orden católica en Sudáfrica. Más tarde se formó en psicoanálisis, Dinámica de Grupo, Terapia Primaria, y en métodos de Hipnoterapia. Posteriormente se acercó a la terapia Gestáltica y PNL. Trabajando con el Análisis Transaccional advirtió un aspecto multigeneracional en el abordaje de las problemáticas, que lo direccionó hacia la terapia sistémica. Al profundizar en ella descubrió, dentro de los sistemas, leyes y órdenes de compensación, a los que llamó “los órdenes del amor”, comprensiones sobre los Movimientos del Alma Familiar.

Las Constelaciones Familiares revelan los enredos inconscientes que pueden causar, “desordenes” en el sistema, como conductas conflictivas, trastornos psíquicos, enfermedades o la dificultad de avanzar en la vida y desarrollar el propio camino.

El trabajo está orientado a equilibrar el sistema familiar y recuperar el lugar que le corresponde a cada uno. Cuando el amor fluye se transforma en una fuerza vital y plena.

El proceder en las Constelaciones Familiares, se trata de un acercamiento respetuoso del consultante a una profunda comprensión de los órdenes del amor en su familia.

Se trata de un abordaje integrador, que permite identificar rápidamente las dinámicas disfuncionales que generan malestar en los diferentes sistemas a los que pertenecemos a lo largo de la vida: familiar, escolar, laboral, social, etc. De una manera ágil y eficaz, genera cambios y orienta hacia soluciones operativas.

El Orden es lo que permite que el amor fluya en el sistema; cuando el orden se altera se altera también la posibilidad de que el amor fluya entre los miembros de la familia.

 

Entre los órdenes del amor se encuentran:

 

El Derecho a pertenecer.- Todo miembro de una red familiar tiene el mismo derecho de formar parte, y nadie puede negarle su lugar. Las redes familiares no admiten la exclusión de ninguno de sus miembros, tanto vivos como muertos tienen un lugar en el sistema.

Una red familiar es más que la familia; a ella pertenecen: los hijos y sus hermanos, los padres y sus hermanos, los abuelos de ambas partes, a veces, alguno de los bisabuelos, y todos aquéllos que hicieron sitio para otros en el sistema, por ejemplo, un primer marido o una primera mujer.

Cuando a una persona se le niega la pertenencia por ejemplo, un hijo ilegítimo, en consecuencia, otro miembro de la familia ocupa su lugar, sin saberlo, imita la suerte de la persona excluida, este hecho hiere el orden y provoca un trastorno en el sistema.

 

La Jerarquía.- Cada uno debe ocupar el lugar que le ha sido asignado en su familia y que sólo a él le corresponde.  La persona que llegó antes tiene prioridad sobre los que vinieron después de él. Los padres vienen antes que los hijos, el primogénito antes que el segundo hijo y así sucesivamente.

Al permanecer cada uno en su sitio, se logra el éxito en todas las relaciones. La jerarquía, supera los conflictos y conduce a la reconciliación y se evidencia como un orden de la paz.

 

Dar y Tomar.- El equilibrio entre dar y tomar. Orden necesario en el intercambio de nuestras relaciones y vínculos. Esto es una ley natural y se muestra en las relaciones como la necesidad de dar y tomar. Hay que diferenciar, por ejemplo, el intercambio entre hombre y mujer (en pareja) que es distinto al intercambio entre padres e hijos. Una pareja tiene la necesidad de compensar lo que ha tomado y dar a su pareja de la misma manera. En la relación entre padres e hijos, en cambio, no se puede lograr el equilibrio, los padres dan la vida y los hijos toman. Los hijos no pueden darle algo equivalente a los padres, lo pueden transmitir a otros, como por ejemplo, a los hijos propios o poniéndolo al servicio de la vida. Todos los sistemas humanos tienen la tendencia y la necesidad de equilibrar.

 

El procedimiento

 

¿Cómo  se dispone una constelación?

A nivel espacial se distinguen dos lugares: zona de representación y lugar donde se ubican los participantes.

En un taller de Constelaciones Familiares, trabajan todos los participantes.

Consultante: expone su motivo de consulta.

Representante: en el caso expuesto por el consultante, representa a algún miembro de su familia o elementos implicados en el caso, poniéndose al servicio del consultante. Sin necesidad de conocer nada de lo que se refiere a esta persona.

Participante: observa y ayuda a contener aquello que va ocurriendo durante el transcurso de la constelación.

Bert Hellinger con su enfoque fenomenológico ha hecho patente que al configurar una constelación familiar los representantes de los miembros de un sistema, sienten las sensaciones de los que representan. Así se expresan las fuerzas complejas que actúan en los sistemas humanos y el camino hacia unas soluciones que resultan inimaginables, a priori.

Este trabajo alcanza las profundidades del alma y requiere la cooperación atenta de todo el grupo, lo importante es la percepción que el representante tiene en el lugar que se le asigna. Esta percepción expresada y el conocimiento profundo de los órdenes sistémicos guían al constelador en la configuración de la imagen de solución.

Este método de las constelaciones familiares ayuda a completar las causas pendientes, dejando a cada persona con su responsabilidad y su lugar de dignidad dentro del sistema. Se rompen de esta forma las dependencias existentes que tienen los miembros actuales con lo no resuelto por los anteriores miembros del sistema.

El trabajo de constelaciones mira la red de vínculos en la que todas las personas estamos involucradas y clarifica la dirección del amor de manera que se oriente al desarrollo y al crecimiento, reduciendo así la posibilidad de manifestación de ciertos síntomas, limitaciones y desdichas, operan en el interior del sistema de pertenencia de la persona y de sus relaciones primarias.

Las dinámicas e implicaciones familiares o sistémicas que generan malestar salen a la luz y al restablecer los Órdenes del Amor, aparecen soluciones que hacen fluir el amor para el bienestar y alivio de todos los miembros de una familia o sistema.

En cada caso, se pueden tener comprensiones profundas a nivel propio a partir del trabajo de otras personas, a través de los procesos de proyección e identificación que se despliegan. Cualquiera fuera el rol que ocupes, en el transcurso del taller se irán produciendo movimientos internos.

En las Constelaciones Familiares, la familia es guiada por una fuerza que se da en llamar Alma Familiar, un ordenador interno. Esta fuerza vela por el equilibrio, por un orden entre los integrantes del grupo sanguíneo y sus allegados. Es una entidad en sí misma. No necesita nutrientes ni emociones. Es un equilibrador magnético que empuja a las paredes hacia un funcionamiento regular del sistema. El Alma Familiar, llamado también regulador, ordena los desequilibrios entre el dar y el tomar, incorpora excluidos, despierta agradecimiento hacia quienes hicieron lugar, de una u otra manera, para que existamos. Vela por que  cada uno ocupe su verdadero espacio.

En la memoria que actúa en nuestro ADN, se asienta lo ocurrido años atrás. Esa memoria está viva, aunque el texto del recuerdo no tenga lógica en nuestro pensar. Lo maravilloso es que la solución recorre el mismo camino sanguíneo para atrás y para adelante en el tiempo, por lo cual, a partir de las constelaciones, la descendencia ya no sufrirá por eso: una vez solucionado el conflicto es caso archivado.

 

 

Ámbitos de aplicación Y motivos de consulta:

 

Las dinámicas disfuncionales pueden producirse en cualquier sistema al que pertenecemos: sistema familiar, laboral, Organizacional, social, etc.

Los motivos de consulta pueden ser variados, definir una orientación vocacional, conflictos de pareja, de herencias, problemas laborales, migratorios, exclusiones, falta de vitalidad, fracasos reiterados, enfermedades, miedos, rechazos, trastornos de alimentación, etc. Todo aquello que este trabando nuestro despliegue y desarrollo.

 

Cómo comportarse después de las Constelaciones Familiares

 

Las Constelaciones actúan, cuando uno las deja exactamente de la manera en que las vio. Es una imagen espacial y atemporal, de las profundidades y tiene su fuerza cuando uno la deja tal cual es.

“Cualquier discusión sobre su contenido destruye la imagen. La imagen tiene que descansar en su alma. Y al cabo de un tiempo, en el alma, se reúne la fuerza necesaria para hacer lo correcto, las imágenes ya actúan simplemente estando.” Bert Hellinger.

 

Los Ordenes de la Ayuda, el rol del facilitador

 

Ayudar es un arte. Como todo arte, requiere de una destreza, que se puede aprender y practicar, Bert Hellinger distingue cinco pasos adecuados, necesarios, a los cuales llama “los órdenes de la ayuda”.

 

  • Primer orden de la ayuda

 

El primer orden de la ayuda significa que uno da solamente lo que tiene y solo espera o toma, lo que necesita.

El primer desorden de la ayuda comienza, cuando uno pretende dar lo que no tiene, y otro quiere tomar lo que no necesita; o cuando uno espera y exige de otro lo que éste no le puede dar porque no lo tiene.

 El dar y el tomar tiene sus límites. El arte de ayudar consiste en percibir esos límites y someterse a ellos.

 

  • El segundo orden de la ayuda

 

La ayuda está al servicio de la supervivencia, del desarrollo y del crecimiento. Estas  dependen de circunstancias especiales, externas e internas, que no son cambiables, por ejemplo, una enfermedad hereditaria, si la ayuda no toma en cuenta estas circunstancias o las niega, la ayuda está condenada al fracaso.

Para muchos “ayudadores “parece difícil soportar el destino del otro y lo quieren cambiar. El segundo orden de la ayuda sería entonces, que se someta a las circunstancias y solo interfiera apoyando, mientras éstas lo permitan. Esta ayuda es cuidadosa y tiene fuerza.

El desorden sería cuando la ayuda niega u oculta las circunstancias, en lugar de encararlas junto con quien está solicitando la ayuda. Querer ayudar en contra de las circunstancias debilita a ambas partes, al que ayuda y al que necesita la ayuda.

 

  • El tercer orden de la ayuda

 

Muchas personas que ayudan, piensan que deben ayudar como padres a sus hijos pequeños.

También aquellos que solicitan ayuda, esperan recibir de sus ayudadores, lo que aún esperan y exigen de sus padres.

¿Pero qué sucede cuando los “ayudadores “responden a estos deseos?

Ellos comienzan una larga relación con sus consultantes, y así se encontrarán en la misma situación que los padres; paso a paso le tienen que poner límites al consultante.

El tercer orden de la ayuda sería entonces que un “ayudador“ se enfrente a una persona adulta, que busca ayuda de manera adulta, y que rechace ubicarse en la posición de sus padres.

El desorden aquí sería, permitirle a un adulto pedir ayuda como un niño, tratarlo como un niño y decidir algo, por lo que él mismo debe tomar la responsabilidad y encarar las consecuencias.

 

  • El cuarto orden de la ayuda

 

El “ayudador “debe ver a la persona que pide ayuda como parte de un sistema. Solamente de esta manera puede ver lo que necesita y a quién en la familia le debe algo. Así también puede percibir, quién en la familia necesita su respeto y su ayuda, y a quién tiene que dirigirse el consultante, para reconocer y dar los pasos decisivos.

Es decir que la empatía del ayudador no tiene que ser personal, sino tiene que ser sistémica.

 

  • El quinto orden de la ayuda

 

Las constelaciones familiares unen lo que antes estaba en oposición. En este sentido están al servicio de la reconciliación, especialmente de la reconciliación con los padres.

Solo puede estar al servicio de la reconciliación, quien puede dar en su propia alma un lugar a aquello que es conflictivo para el consultante o aquello de lo que se queja y lamenta. De esta manera el terapeuta se anticipa a lo que el consultante aún tiene que realizar.

El quinto orden de la ayuda sería entonces el amor hacia cada persona tal cual es, aun cuando sea muy distinta. De esta manera le abro mi corazón y le doy un lugar. Lo que se reconcilia dentro de mi corazón, también puede reconciliarse en el sistema del consultante.

El desorden sería la indiferencia y el juicio sobre otros. El que verdaderamente ayuda, no juzga.

A fin de poder actuar de acuerdo con los órdenes de la ayuda, se necesita una percepción especial. Es importante no querer aplicarlos de manera metódica y exacta. El que trata de hacer esto, piensa, en lugar de percibir.

Con la percepción me dirijo hacia una persona, sin querer algo en especial. Esta percepción nace cuando estamos centrados, sin reflexiones, sin intenciones.

La ayuda que nace de la percepción, por lo general es corta. Es concreta, muestra el próximo paso, se retira rápidamente y permite al otro sentirse libre.

 

Por último quisiéramos dedicar unas líneas a nosotros como Counselors, donde cada encuentro con el consultante, representa un desafío a la habilidad como profesionales para estar dispuestos a entrar en profundidad relacional con él, sin temor de llegar a un nivel de compromiso tal, que el consultante pueda enfrentar sus dolores y arriesgarse a resignificar su vida. Como Counselors del EHCP-Enfoque Holístico Centrado en la Persona- aspiramos a utilizar en la consulta nuestras fortalezas únicas y también nuestras vulnerabilidades, deseando ser nosotros mismos en el encuentro con el otro. Así como también, anhelamos que todas nuestras características personales relevantes estén disponibles en nuestras relaciones de counseling cuando sea apropiado.

Es indispensable para el counselor trabajar con su persona, ya que somos nuestro propio instrumento. Escucharse a sí mismo, requiere períodos de atención plena. Para el counselor, Centrado en la Persona, este trabajo personal se convierte en una tarea diaria. Esta escucha regular no sólo es crucial para el desarrollo y el mantenimiento de la conciencia de sí mismo, sino también es un elemento esencial para asegurar la congruencia o autenticidad que va a caracterizar la relación con los consultantes.

Para abordar este método como recurso, es necesario trabajar en nuestra familia de origen, formarse en constelaciones familiares  y poner a disposición en la constelación, como modelo metodológico, las actitudes básicas, la empatía, la aceptación incondicional y la congruencia, tanto en el trabajo individual como grupal.

Una de las cualidades más valiosas de un Counselor, es conocer sus propias limitaciones y saber cuándo derivar o consultar con un profesional  más experimentado. Y no olvidemos la gran importancia que tiene en nuestra vida profesional, la formación constante y la supervisión.

 

 

“Antes de cada sesión me tomo un momento para recordar mi humanidad.

No hay experiencia que esta persona tenga que yo no pueda compartir con ella, ningún miedo que no pueda entender, ningún sufrimiento al que no pueda atender, porque también soy humano.

No importa cuán profunda sea su herida, no tiene que avergonzarse frente a mí. Yo también soy vulnerable.

Y por todo esto es que soy suficiente. Cualquiera sea su historia, no necesita seguir sola con ella.

Y es esto lo que va a permitirle comenzar su sanación”

Carl Rogers