Mi consultante comenzó a perderse

 

“No todo lo anormal es psiquiátrico”

 

Clr. Ezequiel L. Russo

 

 

María tenía 60 años. Llegó a la consulta presentando un alto grado de angustia, que databa de los últimos tres meses. Afirmo “No creer en la psicoterapia” y, como una amiga le había hablado del counseling, se animó a asistir a la consulta.

Su relato coherente, pero un tanto desordenado y con algunos atisbos de verborragia lingüística, me llamaron la atención.

 

Intente escucharla lo mas empaticamente posible, sin embargo existían elementos en la conversación que impedían o bloqueaban nuestra comunicación, por lo tanto elegí comenzar a hacer preguntas de “rigor” que todo profesional de las relaciones de ayuda en salud y el desarrollo humano, sabe que son necesarias hacer, sobre todo en una anamnesis primaria.

 

Para mi sorpresa, la confusión de la consultante comenzó a hacerse más profunda, mientras respondía mis preguntas. En respuesta, María relato que además de su angustia, existían de “a ratos” olvidos involuntarios de nombres y de acciones que estaba realizando en un momento determinado, pero “como vos no sos médico, seguramente esto no va a interesarte”, afirmó. Esta última expresión me hizo ahondar un poco más para descubrir que la consultante era una mujer que hacia más de dos años que no realizaba controles médicos y que su desconfianza por la psicoterapia, también se había trasladado a la medicina. Su afirmación “antes era hipertensa”, llevó a preguntarme y preguntarle ¿Antes de que?... “Antes, cuando tomaba la medicación”.

El relato y la historia terminaron en una interconsulta que, en un principio, hubiera derivado en una consulta de angustia y ansiedad características y a lo sumo en una entrevista psiquiatrica que, por supuesto, un médico agudizado cualquiera sea su especialidad hubiese podido pesquisar y derivar, pero esto no eximiría al counselor de hacer una buena y más rápida derivación según lo que escuchó, porque como ya hemos aprendido del Dr. Arnold Lazarus “A veces la mejor estrategia es una buena derivación”

 

La interconsulta fue hecha a un médico neurólogo quien rápidamente indicó estudios complementarios los cuales arrojaron el diagnóstico de multinfartos cerebrales por HTA no tratada y otros factores de riesgo. La consultante comenzó su tratamiento médico en paralelo a un proceso de counseling que se centró en crear las condiciones de confianza en los profesionales tratantes. Asimismo en consulta con un cardiólogo para el control de su aparato cardiovascular.

A los pocos meses, María comenzó a desorientarse aún más y a tener dificultades en el lenguaje y la comprensión de consignas.

El caso derivo en un Deterioro Cognitivo Vascular que fue atendido durante cinco años por nuestro equipo (Counselor, Psicólogo, Terapista Ocupacional y Neurólogo) hasta que finalmente, tuvo que ser institucionalizada y falleció a los 67 años.

 

 

La formación de counselors prevé el conocimiento de los trastornos psiquiátricos enmarcados en el DSM y la CIE 10, sobre todo aquellos relacionados con el Eje II de la Evaluación Multiaxial, lo cual nos permite hacer una correcta interconsulta o derivación cuando es necesaria. Sin embargo, con el avance de las Neurociencias, el Siglo XXI nos encuentra en la imperiosa necesidad de abordar el conocimiento de otros trastornos enmarcados en la misma clasificación, y que ya no se reducen tan solo a un espectro étnico, etario o social. Es menester  que las actuales y futuras entrevistas de Counseling contemplen en la práctica, una impresión global, holística e integral de la persona de quien consulta, dado que no trabajar con psicopatología no exime al counselor de conocerla, para realizar la acción correspondientemente terapéutica en pro del bienestar del consultante y/o de su entorno familiar.

 

Entonces, ¿cuales son las “anormalidades” que nos es necesario conocer para comprender con mayor empatia a quienes aquejados por el dolor se acercan al Counseling en esta era?

 

Existe en nuestros días una alteración anatomofuncional del cerebro que conocemos como Deterioro Cognitivo. Este es el declive las funciones cognitivas en grado leve, ya sea debido a las alteraciones atribuibles al proceso fisiológico del envejecimiento o debido a otros factores y que en general no afecta a la realización de las tareas habituales del día a día. “La diferenciación de la demencia del trastorno cognitivo leve descansa en determinar si existe o no una interferencia importante en la capacidad para desempeñarse en el trabajo o en las actividades de la vida diaria. Esto es inherentemente un juicio clínico realizado por un médico experto, basado en las circunstancias individuales del paciente y la descripción de los asuntos diarios del paciente obtenida a partir del mismo paciente y de un informante interiorizado de sus problemas”(Intramed)

 

Según datos del último Congreso Argentino de Neuropsiquiatría y Neurociencia Cognitiva entre el año 2000 y el 2006 se incremento un 46%  las muertes por Enfermedad de Alzheimer (Más común de las Demencias) y que en la actualidad hay más de 40 millones de individuos con esta enfermedad en el planeta (Casi una Argentina entera)

Lo cierto es que este “enemigo silencioso” relacionado con el envejecimiento, ha comenzado a “cobrarse victimas” de hasta treinta años de edad, por la multicausalidad de su desarrollo. Si bien en un porcentaje mucho menor al resto, es cierto que nuestro ojo empático tendrá que contemplar estos desafíos para la correcta intervención.

 

Así como es necesario un trabajo interdisciplinario y la consulta permanente al médico psiquiatra, cada vez será más común que debamos contar entre nuestros aliados al médico neurólogo altamente capacitado en el diagnostico precoz de estos trastornos, sean estos degenerativos como vasculares.

 

Los trastornos neurocognitivos cursan no solo con dificultades mnesicas, sino también y paulatinamente se ven afectadas todas las funciones superiores.

La demencia, como tal, es pérdida de autonomía. No todas las personas que refieran Deterioro Cognitivo Leve (DCL) van a desarrollar Demencia. Los consultantes con DCL son personas normales, con un proceso degenerativo en marcha y que, en equipos interdisciplinarios, bien puede ser acompañado por un counselor, mientras exista capacidad de insight, demostrado mediante la posibilidad de verbalizar acerca de su problemática, de tomar conciencia de la severidad y consecuencias de la alteración cognitiva.

Ahora bien, ¿Qué debería observar el consultor psicológico en la entrevista, para pesquisar la posible interconsulta con el especialista? ¿Existe un protocolo uniforme de derivación para este tipo de problemática?

Como sabemos, cada caso es un caso: Cada consultante es único y cada persona es diferente. Sin embargo, podemos tener en cuenta la consulta con un médico neurólogo cuando algunas de las funciones psíquicas superiores se vean afectadas, sobre todo si observa que aparecen fallas mnésicas o de múltiples dominios.

Es ese grupo el que se clasifica como deterioro cognitivo leve; nombre dado por Petersen R.C. a finales del siglo XX, a la disminución del rendimiento neuropsicológico y en particular en la memoria.

 Se trata de disminuciones en las capacidades cognitivas, que afectan cada día con más

frecuencia a la población. Y aunque inicialmente se limitaban los casos descritos a aquellos con deterioro de memoria, actualmente se han identificado casos en las que hay deterioros cognitivos de otros tipos y en diversas etapas del ciclo vital.

A esto podemos agregarle la observación agudizada al respecto, si el consultante (o un informador fiable refiere)  se queja acerca del funcionamiento de su memoria, ya sea  con o sin capacidades restantes conservadas y no tiene dificultades en las actividades de la vida diaria.

 

Será necesario entonces observar sus procesos de pensamiento, atención y concentración: ¿Responde con iniciativa a las propuestas del counselor? ¿Es capaz de detenerse y recordar eventos recientes?  ¿Cuáles son sus hábitos de alimentación, vida social y comportamental?

El marco de nuestra disciplina, favorece que a través del proceso de apoyo, dialogal y relacional facilite la interacción del consultante o paciente, su familia, el medico tratante y el resto de los profesionales implicados. Al mismo tiempo se concatena con las otras disciplinas para favorecer los procesos de reserva cerebral.

 

No son pocos los riesgos que se corren cuando ignoramos este tipo de disfuncionalidades. Las grandes confusiones entre melancolía, depresión y bajón animo, también pueden aparecer frente a la sospecha de una depresión mayor- lo cual nos llevaría a derivar al psiquiatra- con un deterioro cognitivo en vías de transformarse en algo mucho más complejo. Evitar que el consultante sufra el “síndrome de la pelota de tenis” pasando de mano en mano profesional, también es un desafío para el counselor de este milenio.

 

En efecto es importante recordar ciertos criterios de interconsulta o derivación, a saber:

 

  • Que se deriva? (Respecto a la problematización presentada)

  • Para que se deriva? (Respecto a nuestras incumbencias y tipo de tratamiento)

  • A quien se deriva? (No solo el tipo de especialidad, sino quien guarde coherencia epistemológica u antropológica con nosotros)

  • Como vamos a seguir al consultante?

 

Sin duda, los descubrimientos de las Neurociencias desafían no solo al counseling, sino a todas las profesiones que trabajan en pro de la salud y/o el desarrollo humano y será entonces la comprensión del consultante, la promoción de su salud y su prevención las demandas profesionales de este nuevo siglo.

 

Abordar holisticamente a un consultante requiere conocer toda su experiencia- aún siendo patológica- porque el desconocimiento es la muestra mas exponencial del desinterés y, por lo tanto, de una actitud poco pasible de entrar en el MRI del mismo.

El Counseling tiene la oportunidad histórica de contribuir no solo su mirada del hombre, (evidentemente mas propia del ECP) a los procesos premorbidos al deterioro cognitivo, sino también la humilde posibilidad de aprender de otras disciplinas, para el efectivo abordaje del consultante y su familia, siendo a veces una buena y criteriosa derivación, la respuesta mas adecuada. 


Un lenguaje refiere a una porción de conocimiento y cada especialidad tiene el propio. Ser counselor en el siglo XXI, nos plantea el deber ético de capacitarnos para poner al servicio del que consulta, no solo nuestra amabilidad, sino nuestras intervenciones terapéuticas más eficaces.