Me formo y luego soy compartiendo los beneficios de la Gestalt mas allá de los espacios terapéutico

 

Por Clor. Patricia Modern y Clor. Graciela Alvarez    

 

 

   Me formo…. luego soy…..es una necesidad imprescindible para desarrollarnos tanto como personas, como terapeutas, encontrando los recursos que más coinciden con nuestra forma de ser y hacer, es decir aquellos que más concuerdan con el marco actitudinal con el cual cada uno de nosotros elija para trabajar.

 

   Como terapeutas estamos solamente interesados en proporcionar aquellas condiciones experienciales que ayuden al cliente a cambiar, y a evolucionar de una manera propia. (Carl Rogers 1976).

 

   Estos recursos son ofrecidos a nuestros consultantes, solo si, estamos en simultaneidad de conciencia y entramados con la persona que estamos ayudando...

 

   La implementación de estos recursos siempre conlleva el marco actitudinal fundante, por lo tanto no son intrusivos para los consultantes, ni aceleran los procesos sino que los facilitan al ser puestos a disposición y libre elección de parte de los mismos. (Andrés Sánchez Bodas).

 

   Experimentamos y comprobamos que la aceptación positiva incondicional, empatía y congruencia, son modos actitudinales de estar entre nosotros que pro-mueven al bienestar”. A estas actitudes las denominamos CLIMA ACTITUDINAL de base, desde este basamento se incorporan técnicas, recursos y /o modos que derivan de una integración de las diversas disciplinas (Andrés Sánchez Bodas)

 

    Al facilitar un recurso gestáltico, estamos ofreciendo una orientación actitudinal, que alude a la actitud del terapeuta en el encuentro, subrayando su aspecto existencial, irrepetible, basado en la conciencia y la responsabilidad de los dos interlocutores, consultante y Counselor.

 

    Fritz Perls afirmaba que ser terapeuta es ser uno mismo, y señalaba que lo esencial del terapeuta es su autenticidad y que en ella radica su potencia sanadora. Para él no existe división entre ser lo que uno es y hacer su trabajo, y lo que “enseñaba” al “entrenar” psicoterapeutas era guiarlos a ser ellos mismos.

 

   Ofrecemos un recurso creado para cada situación que emerge, nos valemos de nuestra capacidad de estar presentes y conscientes para que como en un juego de espejos el consultante se auto perciba. El objetivo terapéutico es lograr que el paciente se dé cuenta de sus mecanismos de evitación –que perturban su contacto con el ambiente y la resolución de sus necesidades-, para resolver su problema actual, así como otros que pudieran surgir en el futuro.

 

   El papel del terapeuta es el de acompañar, por eso es importante que comprenda antes que racionalice, que acepte y que no se sienta obligado a actuar.

 

   El terapeuta está presente y activo, pero no directivo (no da indicaciones,no hace interpretaciones, ni  da «recetas»). Así como incita al paciente a hablar siempre en primera persona, se mantiene él mismo atento a sus propias sensaciones, sentimientos y pensamientos e incluso puede –deliberadamente- compartir algunos. Cuando propone un ejercicio o técnica está centrado en lo que observa del consultante, y lo hace desde una invitación a que el consultante se auto perciba.

 

    Ya que si las técnicas dejan de reflejar su espíritu esencial, actualidad, presencia y responsabilidad, se vacían de contenido y pierden todo su efecto transformador.

 

   El terapeuta debe aprender a conservar su poder y capacidad técnica como tal, sin perder el respeto por la otra persona. El terapeuta no puede permitirse dejarse llevar por el poder que tiene sobre otros, de la misma forma como tampoco puede permitirse abdicar de ese poder. Trabajar con vidas humanas es un privilegio que debe abordarse con los conocimientos, el respeto y la humildad debidos. (Joseph Zinker)

 

   Cuando ofrecemos un recurso gestáltico coincidimos plenamente en los principios que sustenta la Psicología de la Gestalt según Hans Walter:

 

  • La Gestalt no es arbitraria. Al organismo no se lo puede forzar contra si mismo, sólo es posible desplegar su propia posibilidad.

  • Sólo es duradero lo que es desplegado como fuerza interior, esta tiene su origen en el ser mismo del consultante.

  • Ningún trabajo terapéutico es arbitrario ni culmina cuando finaliza la relación consultor-consultante.

  • Los procesos de desarrollo personal tienen su propio ritmo propio y no pueden ser apresurados. Si se lo intenta se fracasa.

  • Desde lo anterior, lo más importante para un terapeuta es la tolerancia y la paciencia. Así la capacidad de conformarse con los rodeos que sean necesarios.

  • Todo proceso de ayuda es recíproco, nadie puede ayudar, sino es de alguna manera u otra, ayudado por quién es asistido.

 

   Esta perspectiva no piensa que el todo es la suma de las partes, sino que en su delimitación como tal, es en sí mismo más que aquello que lo integra, que a su vez posee en sí la cualidad del todo que es. (Andrés Sánchez Bodas)

 

   El terapeuta busca darle al paciente los medios para que resuelva sus dificultades en el aquí y ahora. La herramienta fundamental para ello es el AUTOAPOYO. Este se fortalece en la medida en que el individuo va dándose cuenta permanentemente de sus acciones verbales, físicas o fantaseadas. Cada dificultad resuelta facilita la solución de la próxima y aumenta el autoapoyo.

 

   Por estas razones de considera a la Gestalt como una Terapia del Aquí y Ahora. Es también una Terapia de Contacto. Se le pide al paciente que ponga su atención a lo que hace en este momento, en la sesión, que esté en contacto con sus gestos, sus sentimientos, sus sensaciones, el tono de su voz y también sus pensamientos más urgentes. Ya que si se mantiene en el pasado, el paciente actúa y piensa como si aún estuviera «allá y entonces», en aquellas situaciones y con aquellos personajes determinando sus actitudes y guiando su vida. Puede hablar acerca de eso, pero no basta el relato para recuperar la vivencia.

 

   El terapeuta gestáltico le propone que abandone el mero relato y que transforme su pensamiento acerca del pasado en acciones, en vivencias que le permitan pasar por aquello una vez más, en el aquí y ahora, hasta descubrir los sentimientos y acciones que quedaron interrumpidos. La Gestalt no cree en deseos o pulsiones reprimidas, sino en actos que quedaron interrumpidos.

 

   Eso marca un momento importante del proceso terapéutico. Una vez que se da cuenta de cómo es, la persona puede aceptarse. La ACEPTACIÓN es un concepto esencial de la Terapia Gestalt. Cada organismo es lo que es… una rosa es una rosa, una rosa…

   La aceptación entendida según este enfoque, no es resignación, sino que al observar permite establecer contacto y conocimiento. Aceptar que algo o alguien es lo que es , resulta el único modo de iniciar un cambio.

   La aceptación es, terapéuticamente, el primer paso de la consolidación del Autoapoyo entendido como el proceso por el cual el consultante encuentra sus propios recursos y soluciones a partir de la toma de conciencia de sus mecanismos de conducta y del desarrollo de sus potencialidades.

   Este es un aspecto esencial de la Terapia Gestalt. Comúnmente la persona que busca un terapeuta desea «cambiar». En la medida en que se produce la toma de consciencia y la integración de sus partes, el individuo sale del ciclo de acciones interrumpidas o Gestalt inacabadas que constituyen su experiencia, empieza a descubrir sus posibilidades y a expandir sus fronteras. Emprende un buen contacto con el mundo, basándose en sus apoyos internos. Pasa del apoyo externo al autoapoyo que es la capacidad que tiene el individuo de hacerse cargo de sí mismo, de satisfacer sus propias necesidades, de darse cuenta que es lo que aparece como figura en su aquí y ahora y, de cerrar sus propias gestalts interrumpidas.  

  

    Lo que proponemos en este taller es trabajar nuestra autoestima como Counselors. Según Rogers la autoestima es la visión más profunda que tenemos de nosotros mismos; es el autoconcepto, que influye sobre las decisiones y elecciones significativas y que por consecuencia modela el tipo de vida que llevamos.

   Esto nos indica la importancia de trabajar con ella.

 

   Las tres bases sobre las que se fundamenta la autoestima son:

 

1) El desarrollo de creencias positivas y auténticas sobre el si mismo.

2) Minimizar las creencias negativas sobre el si mismo.

3) Comprometerse con el autocuidado.

 

   Más específicamente consiste en:

 

1. Confianza en nuestra capacidad de pensar y de afrontar los desafíos básicos de la vida.

 

2. Certeza en nuestro derecho a ser felices, el sentimiento de ser dignos de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos.

 

   El hecho de tener una autoestima alta está íntimamente relacionado con la capacidad de disfrutar de la vida y encontrar fuentes de satisfacción en nuestra existencia.

 

Una persona con autoestima alta:

 

1. Proyecta el placer que tiene de estar viva a través del rostro, ademanes, modo de hablar, etc.

 

2. Habla con tranquilidad de los logros o de los defectos de forma directa y honesta.

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3. Da y recibe estímulos positivos.

 

4. Es abierta a la crítica y siente alivio al reconocer los errores, porque no busca la perfección.

 

5. Proyecta tranquilidad y espontaneidad porque no está en guerra consigo misma.

 

6. Tiene armonía entre lo que dice y lo que hace.

 

7.Siente curiosidad y apertura a nuevas ideas, nuevas experiencias y nuevas formas de vida.

 

8. Puede manejar su ansiedad e inseguridad.

 

9. Tiene capacidad de disfrutar la alegría.

 

10. Tiene flexibilidad personal para responder a situaciones o desafíos. Confía en sí misma.

 

11. Siente bienestar propio al mostrar un comportamiento firme consigo misma y con los demás.

 

12. Tiene capacidad para preservar la calidad de equilibrio y de dignidad en situaciones de estrés.

 

   Las preguntas que vamos a explorar en el taller, desde nuestra propia experiencia: 

   - ¿Cómo es el vínculo conmigo mismo?

   - ¿Enjuicio mis errores con severidad o con complacencia?

   - ¿Es posible modificar la opinión que tenemos de nosotros mismos?

   

   Indagaremos entonces a través de un juego como es mi vínculo conmigo mismo.

   La autoestima no apunta entonces al cuánto me quiero, sino a comunicarme amorosamente y congruentemente conmigo mismo.