El pensamiento de la emancipación mental en el Cono Sur

y sus implicaciones en la configuración de la identidad cultural

y los Estados Nación en el Siglo XIX

 

 

Por Ricardo Arrubla Sánchez y Alexandra Rodríguez Silva

 

 

RICARDO ARRUBLA SÁNCHEZ es Comunicador Social – Periodista (Universidad Central / 1999), Especialista en Gestión de Proyectos (UNAD / 2011) y Magister en Administración de organizaciones (UNAD 2013). Tiene experiencia en Docencia, Formulación de Proyectos en Derechos Humanos, y Desarrollo Social. Es Investigador asesor en política pública y modelos de intervención social.

Es Profesor en la Cátedra de la Universidad Nueva América y Agustiniana orientando la materia Métodos y Técnicas de Investigación. 2010. Es Corrector de Estilo del Proyecto Nacional de Cero a Siempre, Módulo Pedagógico. 2013.  Trabaja en Intervención socio-pedagógica para la violencia de género en el Departamento de Córdoba. Ha formulado el Proyecto para la Fundación Universitaria del Área Andina -2012. Realizó el Estudio de la factibilidad social y financiera de una empresa embotelladora y procesadora de agua en la localidad der Bosa. Bogotá. Se desempeña en la Construcción de una cultura ambiental para el Departamento de Córdoba. Formuló un Proyecto para la Fundación FORO-Cívico. Proyecto aprobado para ejecución – 2009.

Publicaciones reciente: - Investigación: Transformación cognitiva para la construcción de la cultura de la paz -  Fundación Universitaria del Área Andina.

                                           -Investigación: Comunicación, Educación y Cultura Universidad - Corporación Unificada Nacional de Educación Superior – CUN.

                                           -Participación Juvenil en la construcción de la política pública. Revista Institucional Fundación Universitaria del Área Andina. (2013).

                                           -La deconstrucción como metodología para la compresión de textos académicos.  Revista Institucional Fundación Universitaria del Área Andina.                                             (2009).

 


ALEXANDRA YINETH RODRÍGUEZ SILVA es profesional en filosofía y licenciada en Filosofía de la Universidad Minuto de Dios de Bogotá, Colombia. Especialista en formación de profesorado y Máster en E11ducación de la Universidad Internacional Iberoamericana de México. Docente universitario con una trayectoria de 8 años.  Autora de varios artículos académicos publicados en Revistas Nacionales. 

 

 

Resumen

El presente artículo es el resultado de un proceso de investigación  realizado por los autores, y hace un recorrido por los principales autores del Cono Sur que en el S. XIX postularon la necesidad imperante de luchar por un proceso de emancipación tanto mental como política que rompiera las cadenas que aún se tenían con Europa y Norte América, lo anterior, con el fin de consolidar la identidad de América del Sur. El texto se divide en cinco secciones, en las que se hace un recorrido por las ideas fundamentales de autores como Bello, Bilbao, Sarmiento, Alberdi, entre otros; y a la vez, siendo conscientes que la historia se escribe y evidencia de múltiples formas, se recogen algunas de las herencias literarias de la época en las que también se evidencia el espíritu que movía los intereses académicos y políticos del momento.

 

Palabras Clave

Emancipación política, emancipación mental, estado nación, identidad

 

Abstrac

This article is the final product of a research process undertaken by the authors, and do a tour of the main authors of the Southern Cone in the nineteenth century postulated the urgent need to fight for a process of emancipation as mentally break policy chains that still had with Europe and North America, the above, in order to consolidate the identity of South America. The text is divided into five sections, where a tour of the fundamental ideas of authors such as Bello, Bilbao, Sarmiento, Alberdi, among others; while being aware that history is written and evidence for multiple forms, collected some of the literary legacy of the period in which the moving spirit academic and political interests of the moment is also evident.

 

Key Words

Political emancipation, mental emancipation, nation state, identity

 

Introducción

Los países del Cono Sur, una vez logran el proceso de independencia inician una carrera por la configuración de la república democrática, para ello importan el modelo de Estado que imperaba en Europa occidental y los Estados Unidos en el siglo XIX. Desde aquel momento se constituyen en América del Sur dos grupos radicalmente antagónicos: los federalistas y los centralistas. Hecho que daría inicio a una ruptura inicial que durante mucho tiempo, condenó, a los segundos mostrándolos como un obstáculo a la modernización social por oponerse a la implantación del modelo federal norteamericano, la verdad es que fueron estos y no los primeros los que entendieron la necesidad de constituir y consolidar un Estado nacional, que sólo un sistema centralista podía garantizar para aquel momento.

Serían las élites criollas, las que en medio de la coyuntura, implantarían en las instituciones propias del Estado de derecho moderno la estructura económica – social existente que tiende a perpetuarse a lo largo y ancho del siglo. La huella política de tales dirigentes, quedará plasmada en las constituciones aprobadas y su deseo de configurar la nación será el esfuerzo denodado y arduo de muchos pensadores ilustres, quienes ven en la educación, un instrumento para tales fines.

Un factor crucial por el que atraviesa el Cono Sur es la fragmentación política, lo que puede llevarnos a suponer que durante la mayor parte del siglo XIX no funcionan en ellos los Estados nacionales, existe una definición jurídica, pero no  un control efectivo sobre el territorio y la población, lo que lleva a que dichos países estén disgregados en múltiples unidades autónomas.  

Una de las primeras necesidades que enfrentan dichos países consiste en romper los lazos que los atan con el pasado, en especial se veía como un lastre la herencia dejada por los españoles, por lo que la generación siguiente se plantea el reto de pensar la realidad desde la autonomía cultural del continente como una premisa urgente que permitirían crear una identidad para los estados nación, y a su vez dar los pasos para configurar las lógicas de progreso y orden vitales para la naciente sociedad política. 

 

La necesidad de una emancipación mental

La región que más vivirá la presión de las dictaduras será la República Argentina. Una de las tiranías que dejó una imborrable y dolorosa huella por su bestial forma de gobierno fue la del dictador Rosas, a quien se le opuso Esteban Echeverría (1805 – 1851), en Montevideo, obligado a abandonar su país, por su pensamiento liberalista. En su libro El matadero (1838), describe el ambiente de carnicería y persecución, en un cuartel general de los asesinos asalariados del tirano.

Este poeta argentino se dedicaba con igual pasión a la política y a las letras. Su poema La cautiva (1837), representa el espíritu y la estética del pensamiento romántico en la naciente literatura latinoamericana. Echeverría fue un impulsor del arte y la literatura propios. Su interés central era  desarrollar una mentalidad nueva, libre de las barreras impuestas por las viejas actitudes coloniales. En su libro Dogma socialista (1838) afirma:

 

“La revolución americana, como todas las grandes revoluciones del mundo, ocupada exclusivamente en derribar el edificio gótico labrado en siglo de ignorancia por la tiranía y la fuerza, no tuvo tiempo ni reposo bastante para reedificar otro nuevo, pero proclamó, sin embargo, las verdades que el largo y penoso alumbramiento del espíritu humano había producido para que sirviera de fundamento a la reorganización de las sociedades modernas.”

 

Para Echevarría la independencia trajo una emancipación política pero no una emancipación de la inteligencia. Indica con ello que los brazos de España aún los oprimían, y que la presencia de sus tradiciones era una carga igual de pensada que el yugo que tuvieron durante la esclavitud. Por lo que indicaba que una vez  realizada la revolución política, debía seguirle una revolución social, y la emancipación social americana sólo podrá conseguirse rompiendo la herencia que  dejó España.

 

“España nos dejó por herencia la rutina, y la rutina no es otra cosa en el orden moral, que la abnegación del derecho de examen y de elección, es decir, el suicidio de la razón; y en el orden físico, seguir la vía trillada, no innovar, hacer siempre las cosas en el mismo molde, ajustarlas a la misma medida; y la democracia exige acción, innovación, ejercicio constante de todas las facultades del hombre, porque el movimiento es la esencia de la su vida.”

 

Esta idea tuvo un eco fundamental y se convirtió en un paso necesario a seguir en la evolución del pensamiento de América Latina, sería Chile quien se convertiría  en el foro de acalorados debates sobre la necesidad de la emancipación mental.

Fue el erudito venezolano Andrés Bello (1781 – 1865) quien sostenía que la emancipación política sólo podría completarse con la emancipación mental, pero a diferencia de sus contemporáneos destacaba la importancia de no rechazar de facto la herencia hispánica, por lo que parte de su esfuerzo estuvo centrado en la composición de tratados gramaticales y ortográficos para evitar que la lengua del país degenerara y se apartase del modelo español. Sostenía la tesis de la continuidad, pensando en que el futuro de la región estaba en seguirse nutriendo de la cultura de la cual había recibido un legado importante.

Por su parte José Victorino Lastarria (1817 – 1888), uno de los discípulos de Bello en la Universidad de Chile, mostraba un ardoroso desprecio hacia España, y todo el pasado que dejó la Conquista del sistema colonial. Su pensamiento se orientaba a desenmascarar los atributos que su antiguo maestro defendía con tanto esmero, insistía en poner de relieve su herencia de debilidades y defectos, y fundamentaba la libertad individual como la meta que la sociedad debía esforzarse por alcanzar. Lastarria animaba a la sociedad chilena a oponerse al sistema español, mediante las aspiraciones que los criollos deberían tener, por lo que decía que si querían conseguir una auténtica libertad, debían renegar, pues, del todo de su pasado hispánico, ideas que siguió propugnando hasta el último minuto de su muerte.

Otro pensador chileno, Francisco Bilbao (1823 – 1865), centró su debate frente al espíritu de la religión católica. Bilbao concebía la situación actual como un enorme campo de batalla en la que se debatían el espíritu del medioevo y el espíritu de la modernidad. Desde su perspectiva, el catolicismo representaba una negación de la soberanía del pueblo, de la primacía de la razón humana, y del republicanismo, que las ex colonias habían escogido como su forma de gobierno. Para Bilbao el dualismo debe de ser resuelto de tajo, o triunfa el catolicismo y la teocracia, o triunfa el republicanismo, imponiendo a todo hombre la razón libre y la ley.

Sus ideas aparecen reflejadas en el manifiesto titulado Sociabilidad chilena (1844), y se le consideró en seguida sedicioso y blasfemo, por lo que se vio forzado a partir para el exilio. La voz de Bilbao era un grito furibundo en el destierro que tronaba como un temible rayo bajo el cielo oscuro,  proclamando los principios de Libertad, Igualdad, Fraternidad, y Justicia, los cuales presentaba como la luz del sol, la salvación para Latinoamérica. Propuso para tal realización, la creación de un tribunal internacional y de una universidad Americana, la abolición de los derechos de aduana, una ciudadanía común, un Congreso federal con poderes legislativos, además de todo un plan de reformas, ideas visionarias para aquel entonces, pero algunas de ellas ya aceptadas hoy y otras en vías de realización.

 

Civilización y barbarie     

En medio de las polémicas que insuflaban los ánimos en Chile, aparece la voz culta y mesurada de uno de los más celebres escritores de Argentina, y quien llegaría a ser presidente de su país: Domingo Faustino Sarmiento (1811 – 1888). Su postura, dura y firme, abogaba por un modelo que permitiera iniciar un proceso profundo de educación social. En parte su postura nace de las circunstancias que le tocó vivir, a consecuencia de la penuria económica y cultural que a travesó Argentina después del proceso de independencia.

La existencia de bandas integradas por feroces gauchos recorrían la pampa argentina tomándose la justicia por su mano y aterrorizando a las ciudades. Barbarie y caudillismo, ignorancia y anarquía, fanatismo y radicalismo, eran los males sociales. Sarmiento vive de cerca toda la miseria y violencia de su tiempo,  presencia las atrocidades del caudillo local, Facundo Quiroga, y de su horda de bárbaros. Realidad que lo motiva a realizar una explicación del problema: en su libro Civilización y barbarie (1845): vida de Juan Facundo Quiroga, hizo una interpretación cuantitativa: la despoblación como factor de violencia; en Conflicto y armonías de las razas en América (1884), en cambio, expuso una interpretación cualitativa: la formación étnica.

Civilización y barbarie describe la realidad de su país, mediante recursos biográficos, históricos, diatribas políticas, interpretaciones sociológicas e intentos de psicología nacional. Para ello emplea un doble sistema semántico de antagonismo: civilización / barbarie, ciudad /campo, unitarismo / federalismo, frac / poncho, europeos y estadounidenses / indio, teatros / pulperías; y por el otro, a forzadas conexiones: el frac es civilización/ el colorado es barbarie.

Según Sarmiento, es la vida dura de la pampa, su clima e inhóspito territorio el factor que ejerce una influencia en el carácter aguerrido y salvaje del gaucho, quien termina por sufrir una transformación tanto física como emocional. Sarmiento dice:

 

“en llanuras tan dilatadas en donde las sendas y caminos se cruzan en todas las direcciones, y los campos en que pacen o transitan las bestias son abiertas, es preciso saber seguir las huellas de un animal, y distinguirlas de entre mil, conocer si va despacio o ligero, suelto o tirado, cargado o vacío: esta es una ciencia casera y popular”.

 

Sarmiento evidencia que el hombre gaucho para sobrevivir tiene que pasar muchas dificultades, y pasar muchas horas en medio de la naturaleza, lo cual indica una vuelta a la barbarie. También resalta el aislamiento por las inmensas distancias entre las comunidades de la pampa, y su excesivo ruralismo factores que contribuyen al fracaso del sistema político y educativo, en últimas a la civilización misma, la cual requiere que los hombres conformen sociedades y marchen juntos por la vía del progreso.

El libro está estructurado en tres partes: La primera es una descripción del carácter de los gauchos y de la geografía de la pampa; la segunda parte narra la vida de Facundo Quiroga; y la tercera, desde un recuento de los crímenes de aquel caudillo pasa a aun ataque a escala nacional contra la dictadura, a la cual declara Sarmiento: Facundo no ha muerto, está vivo en las tradiciones populares, en la política y en la revolución argentina, en Rosas, su heredero, quien le dio un rostro frio, sistemático y cruel a la barbarie.

La tesis de Sarmiento es que la situación sin ley por la atravesaba Argentina, era una variable común en gran parte del territorio de Latinoamérica, y su causa principal se debía a la herencia española que ya autores como Lastarria y Bilbao había pregonado. Pero los efectos se acrecentaban al estar presentes las duras condiciones del territorio que creaban un embrutecedor ambiente primitivo.

Para Sarmiento es la realidad del continente la que ha dado a luz a dos civilizaciones diversas: una española, europea, civilizada, y la otra bárbara, americana, casi indígena. Producto de tal contradicción, y de la inmensa soledad del continente, es que surgen caudillos como Facundo, a escala regional, y como Rosas, a escala nacional. Al queda la familia feudal separada de todo contacto con la civilización, e impedir el origen de la sociedad, la aparición de un gobierno democrático se hace imposible.

Determinará Sarmiento que el mal que aqueja a la República Argentina es la extensión y la falta de ciudades. Ello abrió un abismo entre el gaucho y los pocos hombres de ciudad, despertando un nuevo odio, tan visceral y encarnado como lo fue el odio contra los españoles. Este fenómeno formo dos grupos sociales  distintos, dos pueblos extraños uno de otro, cuyo resultado fue la guerra de los caudillos contra las ciudades. Como lo dijo Sarmiento:

 

“las ciudades triunfan de los españoles, y los caudillos de las ciudades. Queríamos la unidad en la civilización y en la libertad, y se nos ha dado la unidad en la barbarie y en la esclavitud”.

 

La tesis de Sarmiento acerca de la civilización y la barbarie permite realizar una radiografía de otras zonas de Latinoamérica. En la Vorágine (1924) José Eustasio Rivera describe la belleza, inmensidad y capacidad devoradora de la selva, quien aparece retratada como un monstruo delirante que domina y contagia al que se adentra en ella.

 

“Esa Selva sádica y virgen procura al ánimo la alucinación del peligro próximo. El vegetal es un ser sensible cuya psicología desconocemos. En estas soledades, cuando nos habla, sólo entiende su idioma el presentimiento”. 

 

         Ricardo Güiraldes, en Don Segundo Sombra (1926) describe una pampa argentina, yerma y deshabitada, la cual es recorrida de un extremo a otro por los reseros y sus animales, en medio de un silencio secular.

 

“A las doce íbamos caminando sobre nuestras sombras, sintiendo así mayor desamparo. No había aire y el polvo nos envolvía como queriéndonos esconder en una nube amarillenta. Los novillos empezaban a babosear largas hilachas mucosas. Los caballos estaban cubiertos de sudor, y las gotas que caían de sus frentes salábanles los ojos. Tenía yo ganas de dormirme en un renunciamiento total”.

 

Rómulo Gallegos (1884) En Doña Bárbara (1929), su libro más difundido, narra la vida de una mujer en los llanos, la cual gobierna su rancho con mano dura, pero que al final es reducida a la mansedumbre por el héroe, que representan los valores de la vida civilizada y ciudadana. Gallegos hace una descripción detallada de la sabana, a la vez majestuosa e indómita, enaltece el talante de los llaneros, sus tradiciones y su vida cotidiana.

 

“La llanura es bella y terrible a la vez; en ella caben, holgademente, hermosa vida y muerte atroz. Ésta acecha por todas partes; pero allí nadie la teme. El llano asusta, pero el miedo del llano no enfría el corazón; es caliente como el gran viento de su soleada inmensidad, como la fiebre de sus esteros”

 

Con el tiempo se ha intensificado esta radical dicotomía entre la ciudad y el campo. Los campesinos invaden en avalancha las ciudades, reclaman sus derechos que durante tantos años fueron negados, conservan su identidad, y en muchas regiones a pensar de todos los intentos, no ha podido llegar la mano de la civilización.

 

La idealización del gaucho

Sin duda la posición inicial de civilización y barbarie también mostró un lado contrario de la moneda. Ricardo Rojas (1882 – 1957), que dedicó una extensa biografía a Sarmiento denominado el profeta de la pampa y se autonombró a sí mismo como el continuador, pero en realidad fue más un rectificador de la obra del maestro, planteó la cuestión todavía más lejos: generando una crítica a las ciudades como verdaderos núcleos de civilización.

Para Rojas, el verdadero estado de la cuestión es que los campos son asiento de civilización, fruto del alimento que mantiene a las ciudades y porque tradiciones inspiran nuestro arte reciente, y por el contrario define a las ciudades como  parásitos de la burocracia, el comercio, la sensualidad ociosa, el cosmopolitismo sin patria, en fin origen de la barbarie.

El tema de la civilización y la barbarie originó el mito contrario, reivindicando la imagen del gaucho como símbolo de la libertad y el resumen de las virtudes nacionales. Los gauchos de Uruguay habían desempeñado un notable papel en las luchas por la independencia, por lo que se convirtieron en el centro de interés de escritores como el uruguayo, Bartolomé Hidalgo (1788 – 1822), e Hilario Ascasubi (1807 – 1875), enemigo de Rosas, y Estanislao del Campo (1834 – 1880), con su curiosa y extravagante versión gauchesca de la leyenda de Faustino.

José Hernández (1834 – 1886) resaltó tal figura en su famoso poema Martín Fierro (1872), considerada como una de las obras más originales y más genuinamente americanas de todas las producidas por la mentalidad criolla, tiene una intención política y es una protesta contra los reclutamientos forzosos de bandas de gauchos para las guerras fronterizas contra los indios.

 

El gaucho más infeliz

Tenía tropilla de un pelo,

no le faltaba un consuelo

y andaba la gente lista...

teniendo al campo la vista,

solo vía hacienda y cielo

 

Hernández publicó una continuación, la vuelta de Martín Fierro (1879), en la que su héroe, recuerda con nostalgia los días de la libertad, pero se adapta a la civilización. Hernández quiere corregir la falsa imagen que hacían del gaucho los políticos liberales. Su obra fue un éxito, y tuvo una alta aceptación por las poblaciones campesinas, por lo que las épicas aventuras de su Martín Fierro ganaron un puesto en el folklore de los argentinos.

 

Pido perdón a mi Dios,

que tantos bienes me hizo.

Pero dende que es preciso

que viva entre los infieles,

yo seré cruel con los crueles:

ansí mi suerte lo quiso.

 

Hoy el gaucho se ha transformado en obrero a sueldo, y es usado como un nombre negativo, tan sólo quedó el recuerdo de un tal don Segundo que recorre la pampa, cuya popularidad se debe a las necesidades psicológicas de una población cada vez más urbanizada, para quien su pasado se difunde entre sombras. 

 

Del romanticismo al modernismo        

Durante este periodo se experimenta con más fuerza en el pensamiento latinoamericano, la presencia de ideas que marcan los pasos de la modernización y el reforzamiento de la identidad, en miras a consolidar los Estados – Nación. Tal perspectiva estuvo duramente influenciada por el nacionalismo y la visión eurocéntrica, manejada desde una tendencia biclasista, por una parte los beneficiarios de la colonialidad del poder, y por otra, surgida desde los intereses de los explotados/dominados. Fenómeno que produjo un enorme pantano en el que las ideas se hundieron o quedaron atascadas en el lodo, debido a que nunca se concibió la necesidad de una modernidad sin revolución social, y a que los dominadores de estos países eran "burguesías nacionales y progresistas".

Por lo que las luchas populares y su búsqueda de reivindicación social y económica, siempre se confundió con un problema de democratización/nacionalización de sus sociedades, donde la descolonización social, material e intersubjetiva, es la condición sine qua non de todo posible proceso de democratización y de nacionalización.

La generación de los civilizadores, comienza con Domingo F. Sarmiento a la cabeza, y su pulso y letras marcan la primera formulación firme del proyecto modernizador, al cual estaban adscritos Victorino Lastarria, Francisco de Paula González Vigil , Justo Arosemena y Juan B. Alberdi, entre otros.

Durante la década de 1860, se genera un planteamiento americanista de reivindicación identitaria, liderado por Francisco Bilbao en Chile, debido en parte a la necesidad de construir una nación homogenizada, pero también en respuesta a los ataques Europeos. Por su parte en México, se originó para los años 80 y 90 una onda nueva de acentuación de lo modernizador que se identificó con el positivismo a partir de los "científicos mexicanos” la generación del 80 en Argentina y Perú; y el trabajo de autores como Valentín Letelier y Eugenio María de Hostos en Chile.

Un género fundamental que sirvió como instrumento para la construcción y reivindicación de las identidades en Latinoamérica fue el romanticismo, cuyas manifestaciones inician desde los poemas de juveniles de Echeverría, los análisis de Alberdi, hasta las primeras novelas de tema indígena, entre ellas se puede destacar Tabaré (1888), del uruguayo Juan Zorrilla de San Martín (1855 – 1931), poema épico que aborda el tema típicamente romántico de unos enamorados a los que separan diferencias de raza y cultura.

Por tal motivo, en sus obras literarias la naturaleza es representada en forma de jungla o selva, y se describe como un espacio de batalla a partir de dos dicotomías conceptuales: el bien y el mal, la civilización y la barbarie, en donde aparecen relacionados sentimientos como la libertad, pero también la opresión y el sometimiento. El romanticismo atenúa las diferencias regionales, los cuales aparecen representados en sus diálogos, y descripciones, por lo que se convierte el lenguaje en una forma de ver y de sentir, una sensibilidad para entender la realidad y explicarla. A través de su lenguaje se logró estructurar una nueva forma de valores, que emplearon los gobiernos como un código o sello, así la noción de patria está directamente asociada a territorio, y quedará exaltada en las novelas románticas por la presencia de la naturaleza como un referente de lo auténticamente propio.

 

Bases y puntos de partida para la organización Política  

A pesar de que existen intereses en resaltar lo auténtico como factor de identidad política, también surge un espíritu de negación que considera que el pueblo nativo carece de las virtudes propias de la sociedad moderna a la que aspiran, y condicionan tal posibilidad a la necesidad de instaurar una sociedad pero con la ayuda de inmigrantes europeos.

Para Juan Bautista  Alberdi, era necesario que un argentino tuviera las características de un norteamericano o europeo. Por su parte, Sarmiento, propone para la misma época, seguir el modelo de Estados Unidos. Ambos descartan a los nativos como fuerza de trabajo para lograr la civilización.

Se debe reconocer que estos pensadores enfocan las razas en su connotación cultural, y las juzgan por su relación de progreso con los modelos extranjeros. El problema en esta parte del debate no es si son realmente aptos o no, sino que para ellos, el indio y el mestizo, carecen de tal aptitud, por lo que sólo ven como única salida poblar con europeos.

Después de la construcción de Estados, las sociedades latinoamericanas emprendieron el difícil camino de transformarse en naciones, en Estados-naciones, y de construir identidades nacionales por medio de imaginarios basados en otros símbolos que la sola ciudadanía política. 

Ante las exigencias de que las poblaciones dispersas y heterogéneas, mal unidas por lealtades locales o provinciales, que sintieran parte de las respectivas comunidades políticas, las élites no sólo se sirvieron de los símbolos cívicos clásicos, como el himno y la bandera, sino también del aparato educativo. Fueron precisamente la literatura y la historiografía oficial, con la finalidad de calmar conflictos internos y estimular identidades colectivas nacionales, las encargadas de inventar tradiciones, memorias y mitos fundacionales.

Así, el Estado Nacional surge en medio de una lenta y contradictoria situación interna en los países del Cono Sur, en los que existen profundas divisiones y desigualdades sociales, que son controladas con mano dura mediante la imposición de una autoridad relativa en territorios todavía indefinidos o con zonas en conflicto, controlando las escaramuzas, revueltas y actos de violencia aislados entre los grupos antagónicos, sirviendo de intermediario entre los intereses extranjeros y la producción agro-minera naciente, dentro de un contexto de mercado internacional que en la mayoría de los casos asfixia a sectores manufactureros e industriales locales.

En estas duras condiciones internas, el presidencialismo emerge como la clave institucional del proceso, que utilizará la razón ilustrada para contrarrestar el caos y la anarquía reinante, así como la instrucción cívica, el orden y el progreso para guiar los destinos del país.

Esta forma de gobierno derrota al caudillismo, organiza el Estado, y estabiliza a la sociedad, creando un ambiente diferente al experimentado durante los primeros años del nacimiento de las repúblicas.

 

Referencias

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